Catástrofes y desarrollo humano

(CC) Foto de Magharebia

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“Las catástrofes naturales no existen. Ni existe una naturaleza independiente de la naturaleza humana.” 1

Dicha afirmación permitiría abrir la puerta a la vinculación entre las catástrofes naturales y las acciones humanas, y en este caso más específicamente, respecto de los niveles de desarrollo humano de los países de la región.

En relación a los factores naturales que inciden en el desarrollo de las catástrofes podemos decir que tanto expertos como diversos estudios realizados en relación a este tema, indican, desde hace ya algunos años, que el cambio climático impacta con consecuencias como el aumento de las precipitaciones en ciertas regiones, como así también más intensas y prolongadas sequías en amplias zonas de los trópicos y subtrópicos y la frecuencia de las precipitaciones fuertes, en varios países. Asimismo se prevé para los próximos años un agravamiento de estos problemas con impactos en la agricultura, la salud, la disponibilidad de agua y la habitabilidad general en el planeta.

En este sentido, Latinoamérica, presenta un grado importante de vulnerabilidad con respecto a otras regiones. Desde hace algunos años se viene anunciando que el cambio climático tendría un fuerte impacto en América Latina y el Caribe; el incremento en la intensidad y frecuencia de huracanes en el Caribe, los cambios en los patrones de precipitaciones, el aumento de los niveles de las riberas en Argentina y Brasil, y la reducción de los glaciares en la Patagonia y los Andes, son fenómenos que indican el impacto que el calentamiento global podría tener en la región, constituyéndose estos, en factores causales de las catástrofes que venimos padeciendo en los últimos años.

Si nos remitimos a algunas cifras, Latinoamérica soportó treinta desastres naturales en 2012, que afectaron a cuatro millones de personas, causaron la muerte de 548 —el 6 por ciento de las víctimas en el mundo— y supusieron pérdidas económicas por valor de mil millones de dólares (774 millones de euros).

El incremento de las amenazas climáticas y la permanente amenaza sísmica a que está expuesta América Latina y el Caribe, pone de relieve las vulnerabilidades existentes en estas sociedades en los ámbitos social, económico y ambiental, ampliando substancialmente el riesgo asociado a desastres naturales. Esta inevitable circunstancia, debe ser entendida como una condicionante del desarrollo humano y por tanto ser considerada por las políticas de desarrollo económico y social de los países de la región. 2

Ahora bien, si tuviésemos que definir el desarrollo humano, diríamos en principio que su definición intenta alejarse de los determinantes netamente económicos que históricamente definieron el desarrollo. Si bien el foco de las políticas de desarrollo sigue siendo el crecimiento económico (en términos cuantitativos), y en la mayoría de las circunstancias, es claramente un componente importante del desarrollo, hay un gran disenso entre economistas y cientistas sociales sobre cuál debería ser la tasa de crecimiento necesaria para que exista un verdadero desarrollo sustentable. Asimismo, se ha reconocido ampliamente que existe un fuerte vínculo entre el crecimiento sostenido de la economía y los avances en materia de salud y educación. Sin embargo, como el marco normativo dominante para el desarrollo sigue centrado en el crecimiento económico, ámbitos de naturaleza no económica como el de la educación sólo son valorados en tanto y en cuanto contribuyan directamente con esta clase de crecimiento.

Se torna entonces importante considerar que los índices económicos no siempre resultan suficientes y hasta pueden resultar erróneos para dar cuenta del crecimiento; es más, la evidencia empírica sugiere que no existe una relación significativa entre un elevado PIB per cápita y la capacidad de las personas para prosperar. Algunos países con bajos niveles de ingreso per cápita fueron capaces de proveer un ambiente propicio en el cual sus habitantes han podido alcanzar buenos niveles de salud y educación.

Pero entonces ¿qué entendemos por desarrollo humano? En primer lugar podemos decir que el desarrollo humano centra su valor en las “personas” y esto no equivale a desvalorizar los ingresos económicos, sin embargo el ingreso no lo es todo.

El propósito básico del desarrollo humano es ampliar las opciones de las personas. En principio, estas opciones pueden ser infinitas y pueden cambiar con el tiempo. Las personas a menudo valoran logros que no se reflejan, o al menos no inmediatamente, en el ingreso o el crecimiento: un mayor acceso al conocimiento, una mejor nutrición y mejores servicios de salud, disponer de vidas más seguras, de seguridad en contra del crimen y la violencia física, de horas de ocio satisfactorias, de libertades políticas y culturales, o de poder participar en las actividades de la comunidad. El objetivo del desarrollo es crear un ambiente propicio para que las personas disfruten de vidas largas, saludables y creativas.

(CC) Foto de The National Guard

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El paradigma del desarrollo humano cubre todos los aspectos del desarrollo, ya sea el crecimiento económico y el comercio internacional; el déficit presupuestario y las políticas fiscales; los ahorros, la inversión y la tecnología; los servicios sociales básicos y las redes de seguridad para los pobres. Ningún aspecto del modelo de desarrollo queda fuera de su alcance, pero el punto de referencia permanece en la ampliación de las elecciones de las personas y el enriquecimiento de sus vidas. Todos los aspectos de la vida —económicos, políticos o culturales— son vistos desde esta perspectiva. El crecimiento económico por lo tanto, se convierte sólo en un subconjunto del paradigma del desarrollo humano.

En el primer Informe sobre Desarrollo Humano de 1990 se define el desarrollo humano como «tanto el proceso de ampliar las oportunidades de los individuos como el nivel de bienestar que han alcanzado» 3; su propósito entonces es realzar las capacidades de las personas en todas las áreas de su vida —económicas, sociales, políticas y culturales— tanto en el presente como en el futuro.

Uno de los objetivos centrales del desarrollo humano es hacer posible que las personas se conviertan en agentes de su propia vida dentro de sus comunidades. Como afirma Sen, en las actividades del desarrollo «los individuos han de verse como seres que participan activamente —si se les da la oportunidad— en la configuración de su propio destino, no como meros receptores pasivos de los frutos de ingeniosos programas de desarrollo». 4 Cuando los individuos y los grupos sociales se reconocen como agentes, éstos pueden definir sus prioridades, así como elegir los mejores medios para alcanzarlas. En este sentido resulta importante entonces resaltar que la capacidad de agencia se liga a los conceptos de participación y por tanto de ciudadanía, en virtud de que los sujetos hagan uso de tal derecho y logren incidir en el mejoramiento de su calidad de vida.

En función de ello, resulta interesante entonces vincular las catástrofes y los niveles de desarrollo de humano de los países, teniendo en cuenta que de acuerdo a los niveles de desarrollo alcanzados, podrían acentuarse o bien atenuarse las causas y también las consecuencias de las catástrofes, mal llamadas “naturales”.

(CC) Foto de WikiImages

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Escribiendo estas líneas recuerdo haber participado de una conferencia en Buenos Aires, donde un ciudadano haitiano reflexionaba acerca del terremoto ocurrido en ese país en el mes de enero de 2010; repasando la situación social, económica y política de su país, decía «gran parte de lo que nos ocurrió es responsabilidad de nosotros, los haitianos». En este sentido hacía referencia a los años de colonialismo que viene sufriendo históricamente el país y los altos grados de explotación social y laboral, además de los altos niveles de pobreza e indigencia que, según este ciudadano, incidían y mucho en las causas del terremoto.

Todos los índices coinciden en que Haití es el país latinoamericano más vulnerable a las catástrofes naturales; en su Indicador de Vulnerabilidad y Desastre para América latina, Isaías Chang Urriola le asigna un ciento por ciento de probabilidad. Haití es el mejor ejemplo de cómo el fracaso de un modelo de desarrollo es el verdadero responsable del desastre. 5

A simple vista pareciera difícil asociar un terremoto con la situación social, económica y política de un país, pero resulta necesario e imprescindible comenzar a vincular estas dimensiones con las causas y capacidades de respuesta por parte de los estados, respecto a estos eventos.

Los desastres ¿naturales? constituyen un serio obstáculo para el desarrollo humano y el cumplimiento de Objetivos de Desarrollo del Milenio, tan importante como el objetivo fijado de reducción de la pobreza extrema a la mitad antes del año 2015. A medida que los países son más prósperos, por ejemplo, se encuentran en mejores condiciones de realizar las inversiones necesarias para construir viviendas más resistentes a los sismos; asimismo una adecuada inversión en salud permitiría dar respuestas, también adecuadas, ante los eventos que puedan ocurrir. 6

En suma, los desastres naturales se encuentran íntimamente ligados a los procesos de desarrollo humano y en una doble relación, los desastres provocados por fenómenos naturales, hacen peligrar las ventajas que ofrece el desarrollo; a su vez, las decisiones que toman los individuos, comunidades y naciones en materia de desarrollo pueden implicar una distribución desigual del riesgo de desastre.

Para ir finalizando, lejos de construir recetas y considerando la diversidad y singularidad de los países de la región, podrían esbozarse algunas recomendaciones en virtud de ampliar las condiciones de mayor desarrollo y menor riesgo de desastre. En este sentido vale mencionar parte del informe del PNUD cuando indica que «el aumento del riesgo percibido que se acumula para un individuo o grupo por no invertir tiempo ni energía en la reducción del riesgo de desastre es el precio a pagar por la solución de otras necesidades más inmediatas, como la seguridad frente al derrumbe de la economía, la violencia y los conflictos sociales. Cuando las opciones son limitadas, se consume toda la energía en enfrentar las amenazas más inmediatas.» 6 En tal sentido podría decirse que abordar las problemáticas sociales, económicas y políticas del país contribuiría en gran medida, a la reducción de riesgos de desastre.

Propiciar altos grados de educación y acceso a la salud permitiría que ello se vuelva una estrategia de respuesta efectiva ante algún evento que deba afrontar el país.

Por otro lado, ampliar los canales de información y planificación, como así también la construcción de mapas de riesgo, también contribuiría a reducir las posibilidades de nuevos eventos; para ello es necesario instalar la problemática en la comunidad, propiciando la información, como así también las instancias de participación y construcción colectiva.

Es necesario también que los países tomen la decisión de invertir en instrumentos de prevención de posibles desastres. Para ello, y volviendo a la capacidad de agencia que mencionaba anteriormente, será imprescindible que la comunidad sea parte activa de estos procesos, participando, por ejemplo, de los presupuestos que definen las políticas públicas, fundamentalmente desde el fortalecimiento de los escenarios locales.

En suma, será necesario comenzar a considerar que los grados de desigualdad social y las ciudadanías débiles que padecen los países, son los mayores peligros que acechan para que los desastres naturales, pero fundamentalmente humanos ocurran.


  1. Subirats, Eduardo, “Las catástrofes naturales no existen”, nota publicada en el diario Página 12 el 20/9/2005, disponible en http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-56751-2005-09-20.html
  2. Unidad de Evaluación de Desastres, DDSAH, CEPAL Boletín no.2, 16 de diciembre de 2010
  3. PNUD, “Informe sobre Desarrollo Humano”, pág. 34, 1990, disponible en http://hdr.undp.org/en/media/hdr_1990_es_cap1.pdf
  4. Sen, Amartya, “Desarrollo y libertad”, pág. 75, Editorial Planeta, Barcelona, 2000
  5. Natanson, José “ Desastres y desarrollo”, nota publicada en el diario Página 12 el 17/1/2010, disponible en http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-138621-2010-01-17.html
  6. PNUD, “Reducción de riesgos de desastres, un desafío para el desarrollo”, 2004, disponible en http://www.undp.org/content/undp/es/home/librarypage/crisis-prevention-and-recovery/reduction_risques_catastrophes.html

Alejandra Claudia Parrotta

Docente de la Universidad Nacional de La Matanza, Buenos Aires. Trabajadora Social del Hospital de Niños "Dr. Pedro de Elizalde" de Buenos Aires y colaboradora de Psicosocial & Emergencias en Argentina

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2 respuesta a "Catástrofes y desarrollo humano"
  1. Gabriel Bidegain dice:

    Me parece muy bueno poder discutir estos temas. Desigualdad y desastres. Hace un par de meses publique en la Revista Cuestiones de Poblacion y Sociedad de Cordoba (Argentina) un articulo sobre los impactos demograficos de terremoto en Haiti. En Julio presente en un seminairo internacional en Rio de Janeiro la ponencia Demografia de los desastres: Desigualdad, desastres, demografia y desarrollo en Haiti para mostrar que la ocupacion del espacio y la desigualdad son responsable del numero de afectados. Lo de natural viene de la discucion de Rousseau y Voltaire como consecuencia del terremoto en Lisboa.

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