La afectación subjetiva de profesionales en situaciones de desastre. Del desamparo general al desamparo profesional

Publicado en Artículos y reflexiones, De Autor Etiquetado con: , ,

El trabajo que aquí presentamos es fruto del recorrido realizado —hasta el momento— como equipo interdisciplinario de investigación que lleva adelante el Proyecto Situaciones de desastre o catástrofe: Agentes y Dispositivos de intervención (Facultad de Trabajo Social – UNER). El mismo refiere a las inundaciones producidas en la ciudad de Santa Fe (Argentina) en los años 2003 y 2007.

Vista aérea del Hospital de Niños Ricardo Alassia y sus alrededores Barrio Santa Rosa de Lima. Gentileza del Diario El Litoral Santa Fe. Agencia TELAM. 1 de mayo de 2003. Foto: Juan Carlos Roleri

Vista aérea del Hospital de Niños Ricardo Alassia y sus alrededores Barrio Santa Rosa de Lima. Gentileza del Diario El Litoral Santa Fe. Agencia TELAM. 1 de mayo de 2003. Foto: Juan Carlos Roleri

Ambas “tragedias evitables”, particularmente la primera de ella que inundó a un tercio de la población, afectando a 130.000 personas, provocando 23 muertos reconocidos oficialmente (más 107 no reconocidos), pérdidas por 2.800 millones de pesos, además de las consecuencias de carácter traumático padecidas por los afectados en forma directa e indirecta; y alrededor de la cual múltiples investigaciones concluyen la necesidad de desnaturalizar lo que fue calificado inadmisiblemente como “tragedia natural” por los responsables políticos; y nosotros coincidimos con otros estudiosos en que particularmente esta inundación, como otras, tiene causas más políticas y sociales que naturales.

Partimos de conceptualizar desastre o catástrofe según lo trabaja Stolkiner Alicia, quien lo plantea indistintamente como «un acto de la naturaleza o del hombre cuya amenaza es de suficiente gravedad y magnitud para justificar asistencia de emergencia. Es decir, se rebasa la capacidad de respuesta que tiene una comunidad determinada».1 David Green2 «desastre: […] evento calamitoso, generalmente inesperado, que causa gran daño en vidas humanas y propiedades, destruye parcialmente o totalmente la estructura social a través de la cual se interrumpe o cesa el estilo de vida y la rutina, tanto del individuo como del grupo. Menciona que uno de los fenómenos que acompaña a las personas que sufren un desastre es la sensación interna de destrucción, no únicamente la destrucción externa de lo que sucedió, la sensación de pérdida y por supuesto a través de ella el duelo; situación que tal vez pueda manejarse en el tiempo, y en alguno de los individuos una memoria voluntaria o involuntaria del evento, que los puede acompañar generalmente durante la vida según sea la intensidad y prolongación del desastre.»

En esta comunicación presentaremos los primeros resultados del análisis e interpretación, desde un enfoque psicosocial, del trabajo del corpus empírico constituido por el colectivo de profesionales Trabajadoras Sociales, que intervinieron desde dos instituciones estatales claves: Municipalidad de la ciudad de Santa Fe y la Secretaría de Estado de Promoción Comunitaria de la Provincia de Santa Fe. Focalizando en la afectación subjetiva de las agentes profesionales intervinientes en estas inundaciones.

Los escenarios de la intervención y la afectación subjetiva de los profesionales

Evacuación de enfermos del Hospital de Niños Ricardo Alassia. Gentileza del Diario El Litoral Santa Fe. 30 de abril de 2003. Foto: Alejandro Villar

Evacuación de enfermos del Hospital de Niños Ricardo Alassia. Gentileza del Diario El Litoral Santa Fe. 30 de abril de 2003. Foto: Alejandro Villar

En jornadas previas a la inundación, algunas de las agentes venían realizando funciones o se desempeñaban desde sus distintos ámbitos de trabajo, en tareas diversas. Las agentes municipales, recorriendo los barrios y haciendo algunas evacuaciones específicas, o relevando informaciónde cómo estaban diversos sectores. Sin embargo, pese a estas tareas realizadas, ni ellas ni otros estimaron la inmensidad del hecho que se estaba por producir.

Nos permitimos aquí extraer un párrafo del libro Contar la inundación, obra coordinada por la Directora de la investigación, María Angélica Hechim y por Adriana Falchini y publicada por la UNL en 2005, quienes expresan «[…] Su imprevisión, su sorpresa, desalojó el sentido porque no reenviaba a hechos históricos anteriores, conocidos. Desorganizando discursos y prácticas, sobrevino asaltando radicalmente los modos de subjetivación, haciendo temblar esos modos, con un impacto cuyas consecuencias no se pueden prever, pero ya se están manifestando. Es que cuando la realidad asalta de este modo, se produce una momentánea desubjetivación. “Se nos vuela la cabeza”, no hay historia, no hay lenguaje, no hay cómo hacer entrar ese hecho al mundo simbólico […]»

Entre los primeros emergentes del material de las entrevistas realizadas, se identifica la falta de información precisa y veraz en estas jornadas previas respecto a la catástrofe que acontecería en Santa Fe el 29 de abril de 2003, como también durante las primeras jornadas una vez producida. Esto incidió significativamente en la sensación de caos y desorganización vivida no sólo por los damnificados, sino por las profesionales respecto a su propia intervención. No se había dado el alerta para evacuación de las zonas que presentaban mayor riesgo.3

Traemos aquí algunas de las expresiones más contundentes recogidas que ilustran el escenario de la catástrofe:

«La situación no era muy clara todavía, no estaba muy claro en cuanto a la información, decían “no, no, que no va a pasar nada”. Bueno yo me fui de ahí a buscar unas bolsas a la zona de Las Lomas, a una vecinal y cuando volví, tipo 3 de la mañana ya no podíamos ingresar por Avenida Perón porque ya lo había invadido el agua, y ahí empezaron a llegar los colectivos y la gente que tenía que salir y no sabía donde ir… y tampoco nosotros sabíamos donde mandarlos,… y ahí la desesperación porque la gente, el agua ya arrasaba con todo, la gente no sabia donde ir y tampoco nosotros sabíamos donde mandarlos.»

«Vos no sabes lo que fue estar en el frente de batalla.»

«No, no… era como que en el otro que estaba angustiada, en el 2003 y acá enojada, en el 2007.»

«Era terrorífico ver desde el sexto piso que se veía toda la ciudad oscura, era terrible.»

«A mi me impactó la gente deambulando, gente reclamando por los chicos, que uno estaba en la Vecinal, acá en Colegio Nacional…, la angustia, porque nadie sabía nada.»

«Ahí me agarró un pico de presión.»

«Fue así, bastante caótico, sobre todo porque la demanda de la gente era terrible, porque había perdido todo.»

«Todo el día la gente desesperada porque no podía volver a su casa.»

«Me molestó en parte porque nosotras pusimos el cuerpo en un momento que era muy difícil, había que hacerlo, con piquetes por todos lados, gente cayendo masivamente al distrito, un malestar general, la gente enojada, más cuando después se fue viendo que había cosas que se habrían podido evitar, eso estaba muy presente, el malestar de la población.»

Podemos advertir las diferencias en la afectación aludida por las profesionales respecto al antes, durante y después de estos eventos, pues sin duda los diferentes momentos por los que se atraviesa en un hecho catastrófico, tienen características singulares en los aspectos cuanti y cualitativos.

Las profesionales refirieron mayor malestar, como indicador de impacto emocional, inmediatamente al inicio del desastre del 2003.

«No nos dábamos cuenta, sabíamos que la inundación era grande, pero no la dimensionábamos tanto; […] lo más difícil fue trabajar con la angustia de la gente, eso fue lo más duro de todo, lo más duro de todo. Me acuerdo que la primer semana, fue durísimo el tema de los chicos, gente que no sabía donde estaban sus hijos…» Otra de ellas afirmó: «Yo creo que con el tiempo si te afecta, a mi me afectó ahí, en el momento. No había nada previsto ante una situación como esta, todo se fue armando sobre la marcha…»

Analizamos, a partir de las entrevistas que la desorientación por la falta de una adecuada conducción que indicara qué y cómo hacer, resultó también un factor que afectó subjetivamente a las Trabajadoras Sociales. Frases como: «en principio… no sabíamos dónde ir», o «En el 2003, bueno… en principio todos sabemos que fue absolutamente desordenada», se reiteró en muchas entrevistadas, evidenciando confusión y desconcierto respecto a dónde dirigirse y cómo operar eficazmente.

«El problema era que nadie sabía bien qué había que hacer y eso era un problema, el que tomaba la responsabilidad era el que se enfrentaba al problema, que fue lo que tuvimos que hacer.»

«No veíamos un trabajo de equipo que dijera intervenimos de tal manera. Bueno a nosotras nos mandaban a determinados lugares, a recibir a los evacuados, no lográbamos que hubiera, empezaron a haber otra vez cantidades de centros de evacuados y no podíamos atenderlos, porque éramos 15 o 20 y había 100 centros de evacuados y no había alguien que concentrara la información y dijera intervenimos de tal manera, resolvemos de tal manera, la gente pasó los primeros días en muchos centros de evacuados durmiendo en el piso, porque no había capacidad de respuestas.»

«Una cosa así medio desorganizada, nadie me reemplazó a mí, y yo tenía que dar respuesta y no sabía ni quien estaba atrás mío, esa sensación de estar siempre como en soledad.»

Los primeros escenarios de la intervención de estos agentes fueron los centros de evacuados.

La mayoría de las profesionales afirman que se fueron presentando conflictos en la convivencia entre los damnificados, dada la excesiva cantidad de gente evacuada que desbordaba la capacidad edilicia de distintos centros, la heterogeneidad de los grupos familiares y diferencias etáreas de sus componentes, entrelazado con las múltiples formas de vivenciar lo acontecido.

También aludieron a situaciones conflictivas suscitadas en las primeras semanas con el enorme colectivo de solidaridad que constituyeron los voluntarios, debido a diferencias en los criterios de intervención. Que paradójicamente suscitaban tensiones opuestas al afán de ayudar de dichos actores.

«El voluntariado, al no estar organizado, a nosotros nos representaba un adverso en el trabajo, porque no se lograba una organización con ellos.»

«[…] Y después los conflictos que se iban generando en las convivencias, estar en un lugar todos juntos, al principio era una situación de caos y después se generaban otros conflictos que tenían que ver con lo cotidiano, con jóvenes que tenían un tipo de hábito también, las necesidades que tenía la gente, el tema de la ropa, el tema de la alimentación, bueno esas eran las cuestiones más a diarias.»

Gente en los techos de su vivienda con enseres domésticos y animales. Gentileza del Diario El Litoral Santa Fe. 27 de mayo de 2003.

Gente en los techos de su vivienda con enseres domésticos y animales. Gentileza del Diario El Litoral Santa Fe. 27 de mayo de 2003.

La literatura disponible señala que la atención de albergados en situaciones de desastres es una tarea prioritaria ya que generan problemas psico-sociales y otros por lo que se indica que la permanencia en estos sitios de albergues sean lo mas breve posible y se eviten las acciones improvisadas, no organizadas, sin objetivos precisos, ni responsables reconocibles.

Si bien en las primeras semanas de la catástrofe 2003 se concentró a todas las Trabajadoras Sociales de la Municipalidad de Santa Fe y de la Secretaría de Estado de Promoción Comunitaria de la Provincia (SEPC) para intervenir en forma conjunta frente a esa catástrofe, las profesionales expresaron el alto nivel de impacto que les produjo la magnitud de la misma, traducido, entre otros emergentes, en la elevada cantidad de Centros de Evacuados (110), que dieron cabida a la mayor parte de los damnificados.

Estas profesionales organizaron sus concurrencia diaria a dichos Centros en recorridas en duplas, afrontando múltiples demandas y requerimientos además de las diversas manifestaciones de angustia y dolor de las personas evacuadas.

«Llegaban las madres que no encontraban a sus hijos, porque pasaban y los cargaban en las canoas y no sabían a que centro los iban a llevar. Entonces lo primero que hicimos fue ordenar […] la nómina de la gente […] entonces la gente que llegaba podía ubicar al que buscaba […] y después organizar el tema de la comida, ropa para que la gente duerma, cosas que hacíamos en cualquier centro de evacuado, en cualquier emergencia, multiplicado por los cientos que había»

«En medio de la locura que era esto con cientos de personas, empezamos como a dimensionar»

«A lo mejor teníamos 10, 13 centros cada una, para recorrer durante todo el día, salíamos a las 9 de la mañana para volver cuando terminabas.»

Esta dimensión, de carácter cuantitativa se entrelazó con la falta de un plan de contingencia que tuviera efectivamente previstas las intervenciones a desarrollar. A la desestructuración psíquica que implica la catástrofe se agrega el efecto de la inestructuración de la organización para la intervención; se despliegan así modalidades y estrategias creadas en el momento por las trabajadoras sociales por ejemplo la de poder conformar duplas, como un elemento de apoyo y sostén emocional, varias de ellas integradas por una Trabajadora Social de Municipalidad y una de la SEPC, que permitió no tener que afrontar la tarea en soledad.

«Nos organizamos de a dos para ir a los Centros de Evacuados y tratábamos de ir una de provincia y una de municipalidad.»

«Y la estrategia de trabajar en pareja, siempre éramos pareja, no trabajar desde la soledad.»

Las Trabajadoras Sociales pusieron de manifiesto el alto nivel de ansiedad que padecieron, el sentimiento de extrema sobrexigencia frente a la masividad de la demanda y la responsabilidad profesional puesta en juego en la situación, traducidas en diversas formas de desborde emocional.

El desamparo compartido de los agentes y las víctimas directas patentizan la doble afectación ante la ausencia de planificación.

«[…] el 29, bueno… esa noche trabajamos toda la noche, yo me acuerdo que vine a las 2 de la mañana, atendíamos cualquier cantidad de llamados, no nos daban las manos ni los teléfonos». Otra de ellas señaló: «Yo creo que ese día estuve todo el día, recién volví a las 10 de la noche, es decir tuve todo el día desde las 12 de la noche del día anterior, fue muy agotador.»

«Entre las 6 o 7 de la mañana yo iba al centro de evacuados, porque J. se tenía que ir a trabajar y me quedaba hasta la noche que el volvía. Te digo los primeros días era como muy masivo todo, no te alcanzaba el día, vos no sabias cuando era de día y ya era de noche.»

Además de ser un foco de estrés significativo el no intervenir en el marco de un equipo de profesionales preparado para estas circunstancias, la tarea asumida supone entre algunas cosas: la imperiosidad de cumplir múltiples funciones en el momento, la toma de decisiones en la urgencia e inmediatez, la coordinación de un grupo grande de personas en estado de crisis —muchas de ellas— genera una sobre carga emotiva para quien asume ese rol y que no encuentra espacio para la catarsis y elaboración de lo que está sucediendo; porque no hay tiempo para parar, sino para hacer, atender y responder, como se pueda y bajo circunstancias hostiles.

«No nos dábamos tiempo nosotros como para tener algún momento como para decir todas esas cosas y reflexionar o que alguien nos contenga emocionalmente ¿no?»

Notablemente todo ello conllevaba a estados de angustia, bronca, impotencia, sobrecarga subjetiva y un imperativo del deber hacer; como dejaron ver las entrevistadas:

«A las Asistentes Sociales se nos pide de todo, somos las que estamos para enfrentar todo tipo de situación. […] La impotencia que por ahí no te tenias que paralizar, vos parabas si era necesario, pero vos te quedabas con la culpa que si hacías lo otro dejabas de atender a esto.»

«Vos estabas acá entregando esto, porque era eso lo que estabas haciendo nada más, te faltaba toda la otra parte que hacía realmente a la organización de la cosa, que a lo mejor no era tan caos, nosotros lo vivíamos como un caos. ¿Te acordas? de llorar, de pelearnos con el Secretario, con todo el mundo.»

Efectivamente estos párrafos enfatizan la importancia de trabajar la relación persona-rol-campo de trabajo en las situaciones que nos ocupan.

Citamos aquí a la Dra. Susana Sainz investigadora en el tema quien sostiene «No hay condiciones adecuadas de instrumentación – capacitación, más que para los aspectos técnicos del ROL, pero no acerca de los efectos del impacto emocional, en la PERSONA  del trabajador de emergencias (la capacitación sí aborda el impacto en las víctimas). Podría decirse que dichas condiciones de trabajo (CAMPO DE TRABAJO) colocan al trabajador de emergencias en situación de sobrexigencia adaptativa, de fortaleza y manejo de las emociones, para la que, paradójicamente, no está habilitado ni capacitado y menos aún, contenido adecuadamente, en el ámbito de su organización de pertenencia.»4

Particularmente en esta experiencia solo un reducido número de las profesionales recibió apoyo a través de la intervención de una profesional psicóloga proveniente de un organismo nacional. Si bien la intervención fue acotada en el tiempo relevaron como muy significativo el trabajo con ella.

«[nos permitió] No cargar con la situación como una cuestión personal, eso que vos traías encima que no lo podías resolver, lograr no cargar nosotras con esa situación grave.»

«Más que nada, no solamente para lo profesional, sino también para lo personal, en ese momento aparte de lo profesional, uno necesitaba contención personal, porque fue una situación inédita desde todo punto de vista. Yo siempre decía, es como que necesito un amplificador en la cabeza.»

«Y ella nos ayudaba a trabajar en equipo, a ir progresando en las acciones, en cómo organizarnos para trabajar. Nos reuníamos antes de las salidas a cada uno de los centros de evacuados, entonces en ese espacio podíamos poner en común que era lo que pasaba, además por las angustias que cada una da nosotras cargaba y por otro lado algunas de las trabajadoras sociales también habían sido afectadas. En ese espacio, en ese primer momento, lo que hacíamos era bueno, como compartir que problemas había en ese recorrido que se hacía en esos centros de evacuados, cuales eran los conflictos que presentaba la gente y que podíamos hacer para poder de alguna manera distender ese conflicto, que no era nada fácil, pero en primer lugar nosotros, trabajar primero esas angustias y sentir que uno no todo lo puede, que hay cuestiones que tenes que ir trabajando y que no las podes inmediatamente resolver, y ahí la que nos ayudo un poco en estos encuentros fue, esta profesional, psicóloga que te mencionaba.»

«Más que nada, no solamente para lo profesional, sino también para lo personal, en ese momento aparte de lo profesional, uno necesitaba contención personal, porque fue una situación inédita desde todo punto de vista. Yo siempre decía, es como que necesito un amplificador en la cabeza.»

El trabajo en desastres y emergencias implica, para los equipos intervinientes el enfrentamiento a situaciones altamente estresantes; como por ejemplo: por las largas horas de esfuerzo continuo, que implica el trabajo sin pausa, ni descanso ante la situación de caos y desborde provocando una alteración del orden habitual y de la vida cotidiana. Los profesionales que asisten en la emergencia se encuentran sometidos a presiones internas, como externas, lo que se refleja en un estado de tensión y sobre-excitación. Con ruptura de las regulaciones habituales de tiempos espacios y actividades cotidianas profesionales y personales. Se alteran por ende la posibilidad de descanso y la consecuente recuperación.

Las profesionales que intervinieron en las inundaciones de Santa Fe pusieron de manifiesto diversas formas de afectación subjetiva, en donde el impacto emocional5 provocado por la irrupción de las mismas, fundamentalmente la acontecida el 29 de abril de 2003, y la sucesión de situaciones que se fueron concatenando y que debieron enfrentar en esta catástrofe se ponen de manifiesto en este estudio.

Queremos particularmente enfatizar un aspecto que aparece ausente y que está referido a la atención de la salud-salud mental de los trabajadores en situaciones de emergencia/desastres

Esto nos remite a la importancia de tomar en cuenta las indicaciones y reglas mínimas que puedan ser preventivas de desajustes o trastornos psicosociales individuales o colectivos que el Manual de OPS-OMS Protección de la Salud Mental en situaciones de desastres y emergencias, n° 1 detalla:

  • Definición clara de perfiles para la selección del personal, así como una adecuada formación y capacitación del mismo.
  • Rotación de roles y funciones.
  • Garantizar una adecuada y completa información a los miembros de los equipos de respuesta.
  • Disminución de las fuentes o condicionantes del estrés.
  • Valoración de estados emocionales subyacentes del personal antes y durante la emergencia.
  • Organización de tiempos de trabajo y datación de recursos que faciliten las labores de campo.
  • Durante la emergencia, cuidarse físicamente y comer frecuentemente en pequeñas cantidades; tomar descansos cuando note que disminuye su fuerza, coordinación o tolerancia.
  • Mantener, en la medida de lo posible, el contacto con familiares y amigos.
  • Creación de espacios para la reflexión, catarsis, integración y sistematización de la experiencia. En cuanto sea posible y después de haber terminado totalmente el trabajo, organizar una reunión de “descarga” entre los compañeros del equipo. En dicha reunión hablar de sus sentimientos y pensamientos tal y como aparezcan (sin juzgarlos); escucharse respetuosamente brindándose apoyo mutuo.
  • Reconocer el enojo de algunos compañeros/as, no como algo personal, sino como expresión de frustración, culpa o preocupación.
  • Estimular que entre ellos, se manifieste el apoyo, solidaridad, reconocimiento y aprecio mutuo.

Por último, Mitchell también refiere la alteración en el ritmo diario de vida (comer, dormir) como una adversidad en los equipos actuantes; pero también la alteración en el sentido de la imposibilidad de “desconexión” de apego a la situación, desencadena otra de las consecuencias negativas que experimentan los agentes que trabajan activamente bajo estas circunstancias. Ejemplificaremos con los siguientes dichos:

«Ves todo revuelto, nadie sabía nada, es como que vos estas en un pedacito muy parcial. Yo te digo que llegaba a mi casa, y de noche miraba el noticiero para saber lo que pasaba, estaba como helada, no sabía que pasaba, por más que nosotras estábamos trabajando […]»

«Yo llegaba a mi casa y me ponía a ver los noticieros y mi marido me decía ¿Qué estas haciendo? Y estoy mirando porque no se que está pasando.»

Esto expresa en un sentido el déficit de información disponible y por otro la reacción subjetiva de tratar de controlar “un todo” desconocido y amenazante.

Es amplio el material sobre los efectos post-traumáticos derivables de haber estado en el escenario de la catástrofe y haber experimentado un acontecimiento traumático, en la cual, cabe la posibilidad o no que el ser humano puede desarrollar un Trastorno de Estrés Post Traumático. No es objeto de esta investigación ahondar sobre el T.E.P.T. y tampoco estamos en condiciones de afirmar que nuestras entrevistadas hayan padecido un T.E.P.T., pero si podemos asegurar que algunos de los síntomas por el trastorno citado, se reeditan en nuestras entrevistadas, como por ejemplo las respuestas exageradas de sobresalto, hipervigilancia y en relación a la memoria traumática , podemos mencionar la falta de integración en la narración de eventos, ¿represión? u ¿olvido?, amnesia parcial de aspectos y amnesia disociativa (huecos en la memoria de minutos, horas a días).

Los desastres marcan tan fuertemente la vida de las personas directamente afectadas que pasado el tiempo actúan como marca bisagra: antes y después de lo ocurrido. En el caso de las inundaciones, el 2003 es y será un año que marca a los santafesinos: antes de las inundaciones o después de ellas. En especial a quienes fueron damnificados directos. En cuanto a lo ocurrido durante esos días, lo esperable es la desorientación. La vorágine con la que transcurren y se desencadenan los hechos dificulta recordar con precisión la organización del tiempo en esos días.

Jeffrey Mitchell6 sostiene que «no existe ningún tipo de entrenamiento que pueda evitar completamente la posibilidad de que una persona que trabaja en el marco de una situación de desastre, sea afectada en el orden psíquico»; pudimos comprobar a través del diálogo con las entrevistadas, y el trabajo con el material, que además de no contar con ningún entrenamiento previo, formación y/o capacitación específica para intervenir en estos eventos, todas de un modo u otro, en mayor o menor medida, resultaron afectadas en el orden psicológico.

La conjunción de la falta de falta de planes de contingencias frente a las catástrofes, la inoperancia de los responsables gubernamentales, la insuficiente capacitación específica de los profesionales intervinientes así como la desarticulación de las acciones y dispositivos a consecuencia de la ausencia de coordinación intersectorial e interinstitucional para eventos catastróficos de esta magnitud; según la recomendaciones de los organismos internacionales en la materia; supone el complejo terreno de determinaciones que producen la enorme repercusión subjetiva en la población en general y en particular en este caso que nos ocupa de los agentes intervinientes en ella.

«La coordinación intersectorial e interinstitucional implica la existencia de un organismo permanente responsable de la concertación entre los ejes horizontales y vertical, con una visión integral. Debe asumir, en tiempos normales, la planificación de escenarios y planes alternativos ante probables catástrofes, ser ejecutor durante la emergencia, considerando la continuidad y sostenibilidad de las acciones.»7

Hay expresiones que dejan huella, para seguir pensando… y destacar la necesidad de contar con dispositivos institucionales adecuadamente preparados para una emergencia de esta envergadura, que incluya la prevención de la afectación de quienes intervienen.

«Creo que otro aspecto importante es no creérselo uno, no creérsela ahí viste que sos el centro ni Dios porque estas a cargo del centro de evacuados.»

«Entonces mente fría, se necesita de una actitud profesional, ¡acompañada!»

«Sería bueno contar con herramientas específicas para la intervención, para una buena organización y también para estar mejor preparadas en lo personal porque son situaciones muy difíciles de enfrentar.»

«Ésta es la primera vez que se lo cuento a alguien…»

Hablar… poder contar…, decir…, sigue siendo después de transcurridos tantos años una llave valiosa para un proceso elaborativo necesario del impacto emocional y la afectación subjetiva sufrida por los profesionales que intervinieron.

Bibliografía

  • DE RISO, S.; ARITO S.; JACQUET M.; IMBERT L.; BENITEZ M.E.; H. TUREO Y. (2009)  “La desnaturalización de lo natural”. En “V Jornadas de Investigación en Trabajo Social: Producción de conocimiento y agendas públicas. Problemas, encrucijadas y alternativas.” FTS – UNER.
  • ——— (2010) “Algunas respuestas construidas frente a situaciones límites”. En Investigación Interdisciplinaria en Salud Mental. Rodolfo Escalada. (Coord.) Primera Edición. Rosario: Laborde Editor.
  • ——— (2010) “Situación de desastre o catástrofe: Agentes y dispositivos de intervención”. En La utilidad Social del Conocimiento: fortaleciendo el vínculo de la Universidad con su medio. Propuestas de Investigación Social. Lic. Alicia Petrucci. (Coord.) UNER.
  • OPS (2002) Organización Panamericana de la Salud. ”Protección de la Salud mental en situaciones de desastres o emergencias”. Serie Manuales y Guías para desastres Nº 1. Washington D.C.
  • SAINZ, S. (2003) Tesis Doctoral en Psicología de la Universidad Nacional de Rosario
  • SAINZ S (2000). “Trabajadores de emergencia social: impacto emocional, efectos, estrategias para enfrentarlos”. En Temas de Psicología Social N° 19. Publicación de la Para Esc Psicología Social. Bs As.
  • SCHVARSTEIN, L. (2006) La inteligencia social de las organizaciones. Desarrollando las competencias necesarias para el ejercicio efectivo de la responsabilidad social. Editorial Paidós SAICF. Buenos Aires.
  • STEIN, E.; PETRI, N; MERINO, S. (1986). “Impacto psicosocial de una emergencia de la comunidad”. Revista Temas de Psicología Social Nº 9. Ediciones Cinco. Bs. As.
  • STALLING, R. (1991) “Feedback from the field. Disarter as social problems? A dissenting view”, en Internacional Journal of Mass Emergency and Disaster. Vol.9, N° 1, March, University of North Texas, Denton, USA.

  1. Stolkiner Alicia: “Situaciones de catástrofes y Salud Mental”. Clase dictada en la Maestría en Salud Mental. FTS. UNER. Mayo 1998.
  2. Green, D. “Emergencias Sociales”, Exposición realizada en la Primera Escuela Privada de Psicología Social de Buenos Aires, 2 de agosto de 1994, después del atentado a la AMIA. Publicado por Ediciones Cinco.
  3. A continuación efectuaremos citas textuales de las entrevistas, que estimamos significativas para ilustrar las apreciaciones analíticas que vamos construyendo.
  4. “Estrategias  de afrontamiento del impacto emocional y sus efectos en trabajadores de emergencias”, Dra Susana Sainz, Tesis doctoral presentada en el Doctorado en Psicología de la Universidad Nacional de Rosario, en el año 2003.
  5. Susana Sainz entiende por “impacto emocional: fuerte repercusión psicobiosocial, producida por un estado emotivo intenso y de breve desarrollo (emoción). Ese complejo proceso es iniciado por diversos factores incluidos en una situación, significativa para el sujeto y/o grupo humano. Es una cualidad de los estados emotivos personales, grupales ñy masivos. Tiene manifestaciones a diferentes niveles –subjetivo; -neurofisiológico; e –interaccional. Incide positiva o negativamente en diferentes funciones: adaptación corporal, comunicación social y registro subjetivo cognitivo.” SAINZ Susana. Trabajadores de emergencia social: impacto emocional, efectos, estrategias para enfrentarlos. En Temas de Psicología Social N° 19. Publicación de la Para Esc Psicología Social. Bs As, Octubre 2000, pág. 158.
  6. OPS-OMS. Cap. III “Protección de la salud mental en situaciones de desastres y emergencias” Serie Manuales y Guías sobre Desastres N° 1. Washington D.C. 2002, pág. 36.
  7. OPS-OMS. Cap. IV “Protección de la salud mental en situaciones de desastres y emergencias” Serie Manuales y Guías sobre Desastres N° 1. Washington D.C. 2002, pág. 71.

Varios/as autores/as

Profesora Médica Silvia De Riso; Mgs Sandra Arito; Licenciada Mónica Jacquet; Mgs. Laura Imbert; Licenciada Lucrecia Cerini; Profesora María Elida Benitez; Alumna Becaria Yasna Hamann. Facultad de Trabajo Social, Universidad Nacional de Entre Ríos (Argentina)
3 respuesta a "La afectación subjetiva de profesionales en situaciones de desastre. Del desamparo general al desamparo profesional"
  1. Enrique Stein dice:

    recomiendo buscar enla web de OPS un ibro sobre las lecciones aprendidas en Santa Fe abril 2003. http://www.paho.org/desastres/desastresnaturales autores Ing. Carlosd Martin, Dr. Enrique Stein

  2. diego dice:

    Hola. Esta nota queda solo como una intención teórica… pero me parece buena la intención….lo subjetivo…el desamparo…intenciones teóricas para observar desde un lugar no teórico…mucho menos interpretativo inferencial…sino mucho mejor sería desde un lugar científico neurobiológicocognitivo. En Argentina es prácticamente nula la preparación del profesional para intervenir en UED, y aún mas en el T.B. y el T.D. Prácticamente la mayoría de los profesionales (universitarios) que intervienen desconocen técnicas de intervención y carecen de preparación específica para el área y para la asistencia a víctimas de cualquier tipo, y ni hablar sobre el autocuidado del interviniente, y en este caso no me refiero solo a profesionales…de hecho en Argentina no existe una especialidad “específica” en catástrofes oficializada, quienes la tenemos nos hemos capacitado en el exterior y aún hoy lo seguimos haciendo…además de estar trabajando en diferentes ámbitos y realidades intercontinentales, ya que no somos muchos… por otro lado considero irrespetuoso que un hecho social se lleve a la privacidad de un consultorio (como sucede mayormente) y/o ponencias, o a la frialdad teórica de contar experiencias desde lo sustraído de libros de textos. Aún en este país, Argentina, no se ha unificado un sistema de emergencias concreto, dado que las particularidades de diferentes ámbitos técnicos y profesionales así lo impiden. Todo pasa por un aspecto político…y de propaganda política de quienes intervienen o los hacen intervenir…el precio para la salud de ambos lados…CARISIMO…y así siguen sucediendo las cosas… Es más…los profesionales intervinientes en su gran mayoría no conocen sus propios límites corporales y emocionales para poder intervenir…lamentablemente es así, y mientras se siga trabajando las emergencias desde un lugar teórico del T.A., no va a surgir la necesidad conciente de especializarse…sino pregúntenles a las/os PSI y TS que en un simulacro lloraban porque las víctimas “muertas”, no respondían a sus demandas…pero luego para la foto posan todas/os… Nos falta mucho todavía…pero mucho, mucho. El ejemplo…esta última fuerte tormenta del miércoles pasado. Solo quienes trabajamos en el área y/o somos Bomberos y trabajamos en E.R. hemos sabido que hacer…el resto ha sucumbido en desbordes…desbordándose… junto a la población ó intentaron hacer algo a partir de beneficios políticos y pedidos desde el mismo ámbito…Quienes trabajamos en estas áreas no somos muchos…y solicitamos encarecidamente todo el tiempo que quienes quieran trabajar en las mismas se preparen concientemente y tengan en cuenta su salud emocional y física, y que si ellos intervienen con dudas pueden estar obstaculizando a quienes pueden brindar el recurso que la víctima o persona damnificada necesita…finalmente, científicamente nadie responde…y sería lo adecuado y es lo esperable desde lo profesional… siempre lo espero…… Igualmente lo de ustedes es un comienzo…ahora falta el camino…Suerte y a no aflojar!. D.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dos × cinco =