Algunas reflexiones sobre la catástrofe de Biescas de 1996, diez años después

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  1. Justificación y explicación del trabajo
  2. Las fases de la respuesta
  3. Reflexiones
  4. La estimación de las cifras de la catástrofe relativa a fallecidos
  5. Los lugares de la respuesta
  6. El paso del periodo caótico a la fase de respuesta organizada de voluntarios
  7. La identificación indubitada de los fallecidos
  8. El control de la victimización secundaria
  9. El después

Justificación y explicación del trabajo

Diez años después de la catástrofe de Biescas, Ángel Luis Arricivita, por el papel de coordinador que llevé a cabo en Jaca con respecto a los fallecidos y sus familiares y allegados, me ha encargado un artículo para la revista que dirige, dentro del apartado “Haciendo memoria”.

He aceptado la invitación por tres motivos: el primero de ellos, obvio como profesional, se basa en que es bueno recordar para seleccionar aquellas ideas que puedan ser útiles para otras personas y para otros momentos.

Los otros dos motivos forman parte de la necesaria consistencia en la historia emocional de las personas. Es bueno recordar también para sentir algo del dolor que experimentamos en aquel momento acompañando a aquellas personas que habían perdido a sus personas queridas y que todavía siguen recordando. Y también es bueno recordar para poder transmitir la admiración a todos aquellos voluntarios que entregaron parte de sí mismos para intentar disminuir algo de aquel intenso dolor que tenían las personas a las que acompañaron, y con las que también sufrieron.

Se adjunta como Anexo (163 KB en formato DOC) la publicación que se publicó en el “Boletín de Información de Ministerio de Justicia” Año L. 1 Nov. 1996. 1784/5:3633:3666.

Me veo obligado a excusarme ya que no puedo aportar la novedad o un estudio exhaustivo en este campo, ya que la medicina forense no suele formar parte del grupo de profesionales dedicados a la complejísima organización, nacional o internacional, de la respuesta frente a las catástrofes que intenta acelerar y optimizar una respuesta profesional organizada precoz y completa.

Las fases de la respuesta

La respuesta frente a las catástrofes se caracteriza por la complejidad de esa respuesta y sus múltiples enfoques, focos de interés, ámbitos de respuesta, objetivos, etc. Pues bien, las reflexiones que les ofrezco son únicamente un enfoque, uno de esos puntos de vista parciales, un fragmento de la realidad de la respuesta social: la necesidad de compatibilizar la identificación indubitada de cadáveres con la también necesaria minimización del riesgo de una victimización secundaria que agrave el efecto ya provocado por la catástrofe.

Esta actuación de objetivo mixto (identificación/evitación victimización secundaria) comienza en la fase inicial de respuesta caótica (en la que todos hacen lo que pueden pero no hay organización), pasa por la fase de voluntariado organizado (la respuesta se centra en los voluntarios pero ya aparece una organización y unos objetivos claros) y concluye en la fase de respuesta profesional (la respuesta está protagonizada ya por una estructura profesional solvente). Ver diagrama 1.

Diagrama 1 de respuesta en catástrofes

Diagrama 1 de respuesta en catástrofes

Como podemos ver en el diagrama, las respuestas se van sucediendo tanto en su momento de aparición (eje x) como en la calidad de la respuesta que son capaces de conseguir (eje y).

  • El periodo caótico, inevitable, aparece con enorme rapidez como respuesta in situ de todas las personas y medios cercanos en el espacio y tiempo; se caracteriza por la enorme entrega personal e incluso actos heroicos; pero adolece de una gran desorganización e insuficiencia de medios personales y técnicos lo que provoca una efectividad real limitada con un techo muy bajo de calidad de respuesta y, en ocasiones, la pérdida de datos relevantes y que podrían ser necesarios con posterioridad.
  • El periodo de voluntariado organizado, de aparición ligeramente posterior al anterior porque requiere de un liderazgo personal o de equipo, y una búsqueda de medios personales y técnicos determinados, consigue una respuesta con un mayor grado de calidad, pero sigue siendo insuficiente para muchos de los objetivos esenciales de una catástrofe como es la “identificación”. (No deben realizarse identificaciones en esta fase, aun cuando esta fase pueda ser ya muy efectiva en el objetivo de la evitación de la victimización secundaria).
  • El periodo de respuesta profesional, donde cada función es asumida por una infraestructura profesionalizada (aun cuando sea por equipos o medios “durmientes”); es el grado de respuesta deseable y el objetivo de cualquier plan de respuesta social frente a la catástrofe. En el año 1996, el desarrollo de esta fase de respuesta profesionalizada compleja frente a las catástrofes no se encontraba operativa de forma completa y, por ello, solamente se pudo llegar a esta tercera fase en algunos de los ámbitos de respuesta social como fue la asistencia sanitaria en el ámbito de las patologías físicas. No fue así en lo referido a la asistencia integral psicológica y contextual que posteriormente se ha desarrollado a través de Protección Civil y ONG´s como la Cruz Roja y otras instituciones similares.

Estas fases de la respuesta frente a las catástrofes pueden no coincidir, dependiendo del tipo de efectos que la catástrofe haya creado. En algunos aspectos puede ser posible llegar rápidamente a la fase de respuesta profesional, como en el caso de la asistencia sanitaria o la identificación por profesionales solventes gracias al gran desarrollo de esas unidades en España. Sin embargo, en otros aspectos menos controlables o menos desarrollados, es posible que la fase del voluntariado organizado se prolongue en el tiempo por encima de lo que sería deseable.

Por todo ello, las reflexiones que vamos a ir abordando deben leerse a través de la fase en que nos encontremos en cada momento y en cada tipo de respuesta.

Una reflexión importante es que “una respuesta puede ser la mejor para una fase caótica, pero será totalmente inadecuada si nos encontramos en la fase de respuesta profesional”.

Reflexiones

Los elementos clave de la respuesta en Jaca frente a la catástrofe de Biescas del año 1996 que (a) podrían ser útiles para otras personas y otras situaciones, (b) servir de recuerdo de lo sucedido y (c) dejar un pequeño reflejo del trabajo que allí se desarrolló, fueron los siguientes:

  1. Inicialmente se llevó a cabo un especial esfuerzo para hacer una estimación pronóstica de las cifras de la catástrofe relativa a fallecidos:
    • Número previsto de fallecidos y nivel de dificultad de identificación.
    • Número previsto de familiares y allegados.
  2. A partir de estas cifras presumidas y aspectos específicos se aconsejó centrar la respuesta en lugares con unas comunicaciones adecuadas y una infraestructura, de medios personales y técnicos, que fuera suficiente para los datos presumidos y para el grado de calidad buscado.
  3. Una vez en Jaca como lugar elegido, se intentó acelerar el paso de la fase inicial, o periodo caótico, a la siguiente fase de respuesta organizada de voluntarios y en un segundo escalón conseguir el paso a la siguiente fase de respuesta profesional protagonista.
  4. Situado y centrado el trabajo en Jaca, se intentaron asegurar los parámetros científico-técnicos de la identificación indubitada de los fallecidos.
  5. De forma totalmente paralela a este objetivo, se concedió una especial importancia al intento de controlar la victimización secundaria de familiares y allegados de los fallecidos.
  6. Se planteó que debía existir un después que por un lado realizara un seguimiento y control de familiares y allegados, y de los intervinientes, pero que también se encargara de desarrollar la respuesta profesional para futuras situaciones de desastre similar o de otros tipos.

La estimación de las cifras de la catástrofe relativa a fallecidos

Ya hemos comentado que dimensionar una catástrofe es realizar una presunción de todos los daños y consecuencias que puede provocar, pero que en este trabajo nos íbamos a ceñir a uno de los aspectos de las catástrofes, los fallecidos.

Situado en este punto, el escalón inicial obligado fue establecer un cálculo inicial de las posibles consecuencias y para ello se planteó:

Fallecidos

Número previsto: partiendo de un número no conocido de posibles afectados, pero que en todo caso podía ser muy elevado; y que la descripción de la catástrofe era una avenida de agua con gran fuerza con un efecto de arrastre y depósito en punta de flecha, se consideró que los fallecidos encontrados en el primer periodo de tiempo, corresponderían únicamente al arrastre de los situados en los extremos de la avalancha (flechas más lateralizadas); y que posteriormente, y cada vez más alejados del punto inicial, se irían encontrando aquellos que se encontraban en las zonas más centradas. Con base en esta presunción y a partir de los fallecidos encontrados en la secuencia de las dos primeras horas, se planteó en el primer contacto con el Gabinete de Crisis de Biescas, una cifra orientativa en unos 80-90 fallecidos.

 

 

 

 

Diagrama 2 de arrastre y depósito de lo arrastrado en punta de flecha

Estado de cadáveres: el grado previsto de destrucción con respecto al mecanismo causal se presumía que inicialmente sería ligero/moderado; pero con respecto a mecanismo de muerte y características ambientales se estimaba la aparición de una putrefacción muy rápida que provocaría que las funciones identificativas fueran muy diferentes en dificultad y métodos entre las primeras 48 horas y las siguientes.

Procedencia de fallecidos: se trataba de personas de procedencia nuclearmente nacional pero existiendo un número representativo de posibles fallecidos de otros Estados, lo que supone una identificación con necesidad de intercomunicación nacional e internacional, y diseños de trabajo siguiendo protocolos de INTERPOL.

Familiares y allegados a fallecidos

Partiendo de 90 fallecidos y considerando como cifras aproximativas:

  • Acudirían aproximadamente 5 familiares/allegados por cada fallecido (en casos de fallecidos familiares, fallecidos de una misma familia, o lejanía/cercanía del lugar de la catástrofe al domicilio de éstos, este número puede disminuir pero es mejor no retocar a la baja) = 450
  • 1 de cada 5 de éstos 450, requerirá tratamiento psicoterápico urgente con especial trascendencia a personas sin hogar, marginados, inmigrantes, mujeres, menores de edad y personas con patología psíquica anterior = 90
  • 1 de cada 5 requerirá tratamiento farmacológico genérico y psicoterápico urgente = 90
  • 1 de cada 50 se descompensará de sus patologías previas (diabetes u otras endocrinopatías, hipertensión, y cardiopatías isquémicas fundamentalmente) y requerirá tratamiento especifico = 9
  • 1 de cada 100 nos hará un cuadro grave (anginas de pecho, infartos, comas diabéticos, crisis hipertensivas, etc.) que requerirá actuación muy urgente y con posible riesgo vital = 4-5
  • Pueden aparecer complicaciones sobreañadidas como contagios virales, salmonelosis, problemas respiratorios diversos, etc.
  • En todos los casos será necesario aplicar protocolos de trabajo habitual de urgencias sanitarias en nivel de “asistencia sobresaturada”, con claros controles visuales en los pacientes de la medicación administrada, y en segundo plano el protocolo completo de historia clínica en los casos atendidos.
  • Consideración especial deben tener los accesos a centros sanitarios.

Los lugares de la respuesta

Con base en las estimaciones realizadas, Biescas, el lugar donde había sucedido la catástrofe no poseía la capacidad de asumir esta respuesta.

El lugar que debía centrar la respuesta no solo debería tener unas infraestructuras de gran capacidad para la identificación de los fallecidos, sino que también debería poseer los aspectos de comunicación, respuesta sanitaria, y, fundamentalmente voluntariado de alta cualificación y preparación.

Con esta premisa, se sugirió que fuera Jaca el lugar que centrara esta respuesta en la fase de voluntariado organizado.

Con la experiencia de algunos acontecimientos de nivel mundial que habían presentado grandes fallos de organización por no contar con las autoridades locales como protagonistas en todas las decisiones, se indicó que era necesaria no solo la colaboración sino la decisión organizativa de las autoridades locales.

Jaca, a través de su alcalde y consistorio aceptaron asumir esa respuesta compleja que se había presumido.

A partir de allí se eligieron las infraestructuras de Jaca que serían capaces de dar un nivel de respuesta adecuada a las necesidades:

El Polígono de La Paz

Diagrama 3

  • Nave temperatura controlada (aproximadamente) 14-16 grados con capacidad para el número de fallecidos previsto.
  • Estructura intermedia libre de desplazamiento que absorba un número elevado de personas moviéndose, ya que en ese primer periodo va a ser imposible controlar suficientemente a los familiares/allegados, voluntarios acreditados y voluntariado incontrolado.
  • Nivel de accesos organizada, controlable y con zona de aparcamiento cercana suficientemente grande. Deseable en extrarradios (por problemas de circulación urbana).
  • Ante riesgo de asistencia urgente a personas debe existir una interconexión garantizada con un hospital general (ambulancia fija y cercanía máxima posible).
  • Edificio auxiliar anexo de atención con infraestructura de intercomunicación compleja (líneas telefónicas, telefax, trabajo en tiempo real de multipuesto, etc.) y que tenga suficientes despachos o habitaciones independientes para asumir, o bien recordar la posible distribución con tabiques móviles de un espacio diáfano:
    • Nivel básico de catering que además debe considerar las posibles necesidades de los intervinientes en la catástrofe, voluntarios, etc.
    • Estructura de atención sanitaria privada urgente (1 ó 2 despachos o salas) con infraestructura básica de actuación urgente en la que debe destinarse a los voluntarios asistenciales de mayor experiencia en urgencias médicas.
    • Estructura de atención psicológica privada urgente (3 a 6) con la infraestructura necesaria para garantizar la privacidad e intimidad.
    • Oficina Judicial con autonomía para cumplir todo el proceso documental que requiere la toma de datos, la identificación, permisos de traslado, de inhumación o incineración, ofrecimiento de acciones, etc.
    • Oficina policial, donde se puedan centrar los diferentes aspectos policiales que una catástrofe genera y pueden desembocar en la colaboración entre diferentes equipos y cuerpos.
    • Oficina centralizada de funerarias. Siendo uno de los aspectos necesarios la toma de decisiones de lugares de destino de los fallecidos, condiciones del traslado, incineraciones, inhumaciones complejas, etc. es aconsejable acercar esta oficina a las familias para evitar un deambular por diferentes lugares y despachos.
    • Oficina de denuncia de desaparecidos, donde se centralizan los datos ofertados por los familiares y allegados para una adecuada búsqueda. Debe ser también la mesa de información y de intercomunicación, elaboración única de listados oficiales, etc. Esta oficina de denuncia debe tener un área de recogida de datos para su elaboración posterior y de los llamados datos antemortem que serán básicos en identificaciones complicadas.
    • Mesas de control de voluntarios de contenido básico para asegurar el control y fluidez de las ofertas recibidas, turnos de trabajo, etc.:
      • Profesionales sanitarios, con específica consideración del nivel de capacitación y especial preparación.
      • Psicólogos, especial referencia a las personas con experiencia clínica o en otras catástrofes.
      • Intérpretes, con específica consideración a las lenguas usadas y su nivel de uso.
      • Otros voluntarios como los voluntarios con conocimiento de la localidad que separaremos entre “de transporte”, “de coches”, “de acompañamiento”, “de acogida”, etc…
      • Medios y mantenimiento con especial referencia a ofertas de medios de uso específico.

El palacio del Hielo

Añadía al anterior la posibilidad utilizar temperaturas muy bajas, absolutamente necesarias en una evolución de destrucción de fallecidos por inmersión.

Diagrama 4

Ambas estructuras permitían una comunicación sencilla con las áreas de respuesta sanitaria y con el lugar donde se centró la actividad de los familiares y allegados que fue el Palacio de Congresos.

Diagrama 5

El paso del periodo caótico a la fase de respuesta organizada de voluntarios

Situada ya la respuesta en Jaca, fue posible establecer una respuesta organizada de voluntarios a través de áreas con jefes. Siempre con la administración local como máximo responsable de las decisiones, se establecieron unas áreas de respuesta contextual específica:

  • Área de coordinación general y de relación externa:
    • Manteniendo la relación con la respuesta local como “clave”.
    • Con el área de investigación judicial e identificación.
    • Con otras áreas de respuesta social (sanitaria, psicológica, funerarias, etc.).
    • Con área de familiares y allegados.
  • Área de logística: avituallamiento, alojamiento, traslados (en Biescas/1996 fueron importantes los teléfonos móviles).
  • Área y mesas específicas de voluntarios, con especial referencia a la mesa de voluntarios de acompañamiento con adaptación a peculiaridades, y a la respuesta psicológica.
  • Área de información genérica.
  • Área judicial y de actuaciones parajudiciales.
  • Área de identificación.
  • Área de organismos colaboradores, fundamentalmente Cruz Roja, pero existiendo otros organismos o instituciones colaboradoras.
  • Área de logística independiente para familiares y allegados.

Un problema nuclear grave que se planteó en esta organización por áreas era que nos encontrábamos con muchos ámbitos con jerarquías muy estrictas y no sustituibles (militares, cuerpos de seguridad, área judicial, administración local, provincial, autonómica, e incluso nacional) y era necesario, de forma paralela, mantener una coordinación.

Frente a este grave problema, y ya en el Gabinete de Crisis se planteó que la coordinación podía ser realizada por el informante de este trabajo pero siempre a través de una asesoría, pero no como superior jerárquico ni tampoco con decisiones vinculantes para nadie, dejando que las decisiones finales fueran asumidas por el liderazgo del sentido común y el conocimiento y dictados por los mandos correspondientes.

También en ese momento se solicitó al Gabinete de Crisis que se mantuviera esta asesoría en la confidencialidad, ya que se presumía la necesidad de una dedicación muy intensa al no existir protocolos previos de trabajo de respuesta compleja en aquel momento.

La identificación indubitada de los fallecidos

Con ocasión de algunas experiencias recientes se ha comentado que el error de identificación de fallecidos en una catástrofe, independientemente de que el objetivo sea o no disminuir aparentemente los tiempos de espera de los familiares, no hace sino crear una catástrofe diferida en el tiempo porque no cumple la función esencial de asegurar esta identificación de forma indubitada y contrastada y contrastable.

Conociendo esto por experiencia forense anterior, fue necesario contar con un equipo de identificación en catástrofes de la Policía Judicial (Guardia Civil), que, aun cuando sin la experiencia que actualmente posee, sí que suponía el nivel más alto (junto con el que la Policía Nacional también poseía) de respuesta profesionalizada con que España contaba en este momento.

Una grave dificultad en la función de este equipo fue protagonizada por diversos hechos que, en el futuro, deberían controlarse hasta la exageración:

  • La cadena de custodia, o de información de listas de identificados al organismo judicial competente, presentó graves problemas por la aparición de listas falsas, contaminaciones en los datos ofertados, etcétera.
  • Las presiones de muchas de aquellas personas que por un aspecto u otro, tenían una responsabilidad política, social, mediática, jerárquica e incluso de relación personal con los equipos de trabajo de identificación.

El control de la victimización secundaria

Situados en 1996, todavía no existía una respuesta profesionalizada psicosocial que abordara el grave problema de evitar la victimización secundaria de los familiares y allegados de fallecidos en casos de catástrofes, por ello la respuesta de Jaca siguió más los dictados del sentido común que lo extraído de estudios profundos y profesionalizados.

Las líneas de trabajo para el control de la victimización fueron las siguientes:

  • Se intentó conseguir una información puntual y detallada de todos los aspectos relevantes relativas a los fallecidos, traslados, levantamientos de cadáver, etcétera, dirigida a los familiares y allegados.
  • Se indicó la necesidad de que se mantuviera un respeto máximo posible a la “fila”, a la secuencia de respuesta siguiendo el orden numerado que cada grupo de familiares o allegados adquirían al presentarse en la búsqueda de sus desaparecidos.
  • Se cuidaron, y se consensuaron con profesionales de la atención psicológica, los flujos de personas evitando la existencia de puntos de contacto o de corte en todas las estructuras de respuesta de forma que no existiera contagio de la respuesta emocional entre personas en diferente situación de enfrentamiento al problema de la identificación de sus familiares fallecidos (fundamentalmente entre aquellos que ya habían “reconocido” a su familiar fallecido y los que todavía esperaban que no hubiera fallecido su ser querido pero esperaban esta identificación).
  • Se estudió la separación del lugar de identificación y el lugar de espera, por considerar que la inmediatez física no hace sino aumentar el grado estresor sin posibilidad de desconectar. En esta misma línea, se entendió que la misma decisión del traslado de la identificacióna a Jaca, separándola de Biescas, consiguió un efecto de separación contextual que fue muy positiva en la respuesta emocional de los familiares y allegados.
  • Favorecimiento de los factores contextuales de facilitación. Evitar la “gota que colma el vaso” disminuyendo aquellos estresores que fueran evitables a través de actuaciones externas. Para ello, se intentó: “dar solución a los problemas derivados de las necesidades-satélite, para conseguir que los familiares y allegados de los fallecidos, padecieran únicamente el sufrimiento y el dolor que eran inevitables”. Dar una máxima importancia a los aspectos contextuales facilitadores y buscar la disminución de las “barreras” fue pues uno de los aspectos nucleares en ese control de la victimización secundaria.

El después

En el contexto de la respuesta realizada en Jaca, habíamos comprobado muy claro que controlando los factores contextuales se podía mejorar los niveles de respuesta emocional aguda frente a tan graves estresares como los sucedidos, pero simultáneamente se detectó que no era posible mantener ese nivel de respuesta a lo largo del tiempo ni tampoco era suficiente para evitar la victimización secundaria diferida a medio y largo plazo. El voluntarismo no era capaz de evitar las reacciones o trastornos diferidos por lo que se planteó que esta respuesta, fundamentalmente de atención psicosocial, pero no solo ésta, se prolongara en los lugares de origen y que se profesionalizara en el futuro.

Por ello, se insistieron en los siguientes aspectos al final del operativo desplegado en agosto de 1996:

  • Era necesario conseguir el paso rápido a la fase de respuesta profesional en todos los ámbitos de las catástrofes. Para ello se debía “profesionalizar” esta respuesta, aun cuando apareciera el voluntarismo como respuesta inmediata o como apoyo en aspectos muy específicos.
  • Los voluntarios que actuaran en una catástrofe, debían serlo a través de organizaciones que aseguraran no solo sus habilidades de actuación sino también su capacidad de adaptación al trauma que la catástrofe genera en los intervinientes.
  • Era necesario estructurar un guión de trabajo de respuesta psicosocial secuenciada a lo largo del tiempo y en los lugares de residencia de los afectados.
  • Sería aconsejable la formación de un “equipo durmiente” de “asesores/consultores” encargados de asesorar a todos, y cada uno, de los ámbitos de respuesta.
  • Sería aconsejable la generación de una base de datos de “expertos” en cada ámbito de las catástrofes.
  • Sería aconsejable que existiera una infraestructura organizativa y presupuestaria, que permitiera una respuesta ágil.

Y se sigue insistiendo en dos aspectos claves ya apuntados en aquella respuesta de 1996:

  1. La complejidad de la respuesta es tan elevada que no parece posible que existan “expertos de todo” en todas partes.
  2. No se pueden suplantar las múltiples estructuras jerárquicas inmersas en una respuesta social frente a un desastre.

Juan A. Cobo Plana

Médico Forense. Director del Instituto de Medicina Legal de Aragón.
Ministerio de Justicia. España.
C/ Nuevo Parque, s/n - 50015 Zaragoza (España)

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