La importancia de los valores en situaciones críticas

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Imagen del artículo de R. Rebeca Cordero VerdugoA modo de reflexión escrita me aproximo a un tema no del todo cercano a mí en lo profesional pero que siempre me ha suscitado interés especial en lo relativo a los valores. ¿Dónde quedan los valores en una situación de emergencia? ¿Quiénes son los que representan tales principios? ¿Existen realmente? O el instinto de supervivencia acabó con ellos, pero ¿qué hay de los demás? De aquellos que consumen una y otra vez imágenes devastadoras, desoladoras de un mismo hecho. ¿Qué hay de los que sin más interés que un lucro, enmascarado en derecho a la información violan la intimidad de aquellos que perecieron o están mal heridos? ¿Qué sucede con el resto, con los que salen ilesos, con los que sobreviven, con los que día tras noche deben enfrentarse a una suma de recuerdos y quién sabe si sueños rotos?

Muchas preguntas a las que dar respuesta y muchas más a las que responder, y cómo si del origen del mundo se tratase, muchas de ellas ni siquiera la tienen, pero al menos permitámonos disfrutar del derecho de opinar y a defender lo necesario: la sociedad, al grupo, al individuo.

Detengámonos unos segundos a pensar en cualquier sociedad, cercana, lejana, todas gozan de una cultura y unos valores, que unidos a sus costumbres y tradiciones marcan la identidad de su ser, pues bien, esas sociedades luchan por ahuyentar el conflicto porque saben que solo ahí está la clave de su crecimiento y desarrollo, sin embargo, existen factores externos previstos o no, espontáneos o premeditados, que logran romper con la rutina social sumiendo a un grupo, a una población, en el caos generalizado. En ese momento diversos escenarios comienzan a interactuar a la vez con objetivos, muchas veces, no coincidentes entre sí.

El grupo afectado trata de salir indemne de la situación, incluso siendo presos de la desorientación; la sociedad en la que se produjo trata de que les afecte lo menos posible y, en ocasiones, obtener beneficios de tal hecho; los profesionales especializados luchan por minimizar lo máximo posible los efectos derivados del infortunio; las empresas implicadas, de haberlas, tratan de salir lo mejor paradas posibles; los medios informan, o tratan de informar, generando en ocasiones situaciones de pánico o alarma social; y el espectador, parte integrante o no de esa sociedad ya mencionada, consume y consume y consume información justificándolo con intereses enfrentados.

Lo que da lugar a una situación nada beneficiosa, en tales circunstancias. Actuando de manera tan divergente sólo conseguimos ser ineficaces a medio y largo plazo. Contamos con unos profesionales brillantes, disponemos de medios técnicos, pero erramos en la prevención. Y no me refiero a la prevención circunscrita al hecho, sino a la que tiene que ver con los modos de actuación de todos aquellos que participan directa o indirectamente de la catástrofe.

Creo firmemente que una sólida formación en valores (y no me estoy refiriendo a dogmas de fe) resolvería el conflicto en cuanto a la disparidad de objetivos, lo que ayudaría a la hora de recuperar la estabilidad social truncada.

Introducir esta formación en valores en todos los niveles de la educación de manera trasversal o directa, de una manera socialmente responsable, es clave, junto con la concienciación social en estos temas, como lograremos ser más efectivos.

Una formación en valores que debería hacerse vinculando los temas a tratar con el entorno del estudiante, para que la asunción de tales conceptos sea mayor.

En la Universidad, ámbito profesional en el que desarrollo mi actividad cotidiana como docente, somos conscientes de la importancia que tiene dedicar parte de nuestros esfuerzos en este tipo de formación. Compartiré con vosotros las dos experiencias que llevé a cabo en la misma materia con resultados altamente satisfactorios.

Decidimos integrar la formación en valores dentro de la asignatura de Habilidades Comunicativas; para ello les acercamos a los alumnos los retos a los que se enfrentan las sociedad del siglo XXI, según la ONU, y organizados en grupos de expertos comenzarían a trabajar en un proyecto que conllevaba tareas tales como: creación de una ONG según el reto elegido, realización de un informe según la situación mundial con la intención de informar, elaboración de un díptico/tríptico con la idea de sensibilizar, y la creación de cómics, con la intención de sensibilizar sobre el tema a alumnos de secundaria, entre otras.

Los resultamos obtenidos fueron que un 89% de los alumnos encuestados tras su paso por la asignatura afirmaron que seguirían informándose o interesándose por temas de justicia social y solidaridad, participarían en actividades de voluntariado en una Organización No Lucrativa, o que el tercer sector sería una opción profesional, frente al 24% de esos mismo alumnos que al principio del semestre sólo se decidían por temáticas sociales. Lo que quiere decir que habían comenzado a generar conciencia social y sentido de la responsabilidad social.

También, en el segundo semestre decidimos continuar con un formación en esta línea e impartir formación sobre el manejo de las habilidades comunicativas en situaciones de emergencias, y al igual que en la anterior experiencia, los estudiantes reconocieron que había cambiado su forma de ver la realidad y más vinculada a circunstancias de este tipo.

Sé que el camino por recorrer es largo y más en un momento histórico en el que se dice que se están “perdiendo los valores”, y no es que se pierdan si no que se cambian y una vez que estos hayan cambiado el proceso de regeneración y de vuelta a los humanos será lento y costoso.

Pero si seguimos dejándolo pasar, nunca habremos conseguido que descansen en paz aquellos que fallecieron y que se despeguen de sus terribles vivencias aquellos que, aun con la luz apagada, sienten miedo.

Se lo debemos a todos aquellos que han sufrido y sufrirán, les debemos respeto. Un respeto que se logrará el día que al frente de los medios informantes estén personas que primen lo humano frente a lo sensacionalista, el día que los espectadores no sientan la necesidad de saber más porque no hay más miseria que ver, y cuando dejen de ser meros agentes pasivos para convertirse en activos del ¿qué puedo hacer? Y del ¿cómo puedo ayudar?, tanto ahora como en el futuro.

Conseguir personas con valores sociales, socialmente responsables que luchen y valoren lo humano por encima de todo y que se enfrenten a las emergencias de una forma empática para con la víctima, su grupo y la sociedad en su conjunto, es nuestro reto y del todos los que trabajamos en la educación y la formación.


R. Rebeca Cordero Verdugo

Profesora Titular en Sociología Aplicada.
Universidad Europea de Madrid.

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